Yvonne Farrell y Shelley McNamara, ganadoras del Premio Pritzker 2020

Las arquitectas Yvonne Farrell (1951) y Shelley McNamara (1952), asociadas desde 1978 en el estudio de Dublín Grafton Architects, han sido seleccionadas como las ganadoras del premio Pritzker 2020. El anuncio lo acaba de hacer público Tom Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt. Herederas de la mejor tradición británica del brutalismo, las arquitectas irlandesas son las primeras de su país que han sido distinguidas con este galardón. Se definen por construir edificios comprometidos socialmente y dotados de una poderosa impronta estructural en la que las grandes luces y el hormigón armado visto resultan protagonistas. Entre sus obras más destacadas se encuentran los edificios educativos para la Universidad Luigi Bocconi en Milán, el de la UTEC de Lima y el de la Universidad de Kingston en Londres. Farrell y McNamara han sido las directoras de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2018 y han recibido este año la medalla de oro del RIBA.

Las irlandesas Yvonne Farrell (Tullamore, 1951) y Shelley McNamara (Lisdoonvarna, 1952) se conocieron cuando estudiaban arquitectura en el University College de Dublín. Corrían los años setenta y al graduarse decidieron que trabajarían juntas. En eso siguen 42 años después de abrir un estudio en la Calle Grafton, en el centro de Dublín. Con el nombre de esa calle bautizaron un despacho Grafton Architects que hoy ocupa varios edificios en el barrio. Era una manera de anunciar y arraigar su arquitectura de consenso, ni preciosista ni a la moda, capaz de atender a la vez a la construcción de la ciudad, a las necesidades del usuario y a la cultura y economía locales. Hoy describen su trabajo como "un marco para la vida" y su enfoque como humanista: atento a un tiempo al patrimonio, la tradición y las personas. Así, alejadas de las modas y los centros de poder y defensoras de la arquitectura como "servicio a la humanidad" fueron las primeras sorprendidas, declararon, al ser elegidas para comisariar la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2018.

"Ama la arquitectura. Cultiva tus talentos. Encuentra manera de crear cosas. Visita edificios. Aprende de ellos. Investiga. Haz concursos. Enseña, lee, habla y escucha. Encuentra amigos e confianza. Colabora y ayúdales en las buenas y en las malas. Ejerce en la práctica. Encuentra buenos clientes. Continúa, sigue. Establece maneras en que convergan tú y tu forma de pensar. Deja que se escuche tu voz"

Puede que el Premio Pritzker 2020, cuyo fallo se anunció hoy, ya no les haya sorprendido tanto. El jurado suma así dos mujeres a las tres únicas premiadas Zaha Hadid, Kazuyo Sejima y la española Carme Pigem, frente a los 43 arquitectos reconocidos hasta hoy con el máximo galardón de arquitectura. Ese jurado defiende que Farrell y McNamara son "pioneras en un campo que ha sido tradicionalmente (y todavía es) una profesión dominada por los hombres". Ambas afirmaciones son innegables. Pero también lo es que el propio premio Pritzker ha contribuido a esa discriminación no premiando a Denise Scott Brown cuando recibió el galardón su socio Robert Venturi. Por eso  este Pritzker tiene algo de reivindicación para muchas arquitectas del mundo. 

Una respuesta es que, son proyectistas modélicas. Para empezar porque su obra se ha preocupado más por construir espacios habitables y ciudades humanas que por formar un sello, desplegar una moda o impactar formalmente en una ciudad. Los espacios de encuentro y descanso en el interior de edificios como la Facultad de Económicas Luigi Bocconi de Milán, la luz en ese vestíbulo, la relación con la naturaleza en la de Toulouse, la ventilación natural de la UTEC de Lima o las terrazas para los estudiantes en su última obra, la Universidad de Kingston, finalizada este año al sur de Londres, revelan cuán atentas están a la construcción y defensa del espacio público.

Su apología de una arquitectura arraigada y de una construcción semi artesanal es casi un posicionamiento político en un tiempo en el que se construye con fecha de caducidad con materiales industriales. Sin embargo, esa misma virtud puede leerse como un inconveniente que aísla a los profesionales de la arquitectura cuando no son capaces de dar respuesta a las urgencias que exige la construcción del mundo actual.

Ni teóricas ni mediáticas, McNamara y Farrell firman diseños que atienden a razones económicas, tradiciones y climas locales y que no rehúyen la complejidad sino que, al contrario, la anteponen a la estética. Más resolutiva que osada, se podría decir que la arquitectura de Grafton Architects busca proteger a la ciudad y a los ciudadanos por encima de confrontar la complejidad del mundo.

Está claro que sus inicios, en el año 78 y solas, fueron una declaración de principios que ha tenido un fuerte eco en los últimos años. Entre tanto, ellas han sumado a la defensa del lugar, las topografías y los materiales del sitio, un cuidado por las ventilaciones naturales, la sombra y el descanso que las ha convertido en unas proyectistas más sociales que políticas. Su comisariado de la Bienal en 2018 defendía la construcción del espacio libre (freespace) , que une en inglés lo libre con lo gratuito. Ellas hablaban del diseñador capaz de prever el descanso de alguien a quien no verá descansar. Eso existe en sus facultades de Toulouse, París o Lima y existirá en la Biblioteca central de Dublín o en la nueva sede del London School of Economics en las que ahora trabajan.


Para saber más también pueden revisar los siguientes vínculos:


Biografía de Grafton Architects escrita por Daniela Arias Laurino para Un Día / Una Arquitecta

Yvonne Farrell y Shelley McNamara, Premio Pritzker 2020


Fuentes: arquitecturaviva.com, graftonarchitects.ie, pritzkerprize.com, entrevista en Architects' Journal 2014 y el artículo de Anatxu Zabalbescoa para elpais.com